Y si! Como profesores y entrenadores de lenguas, la pregunta más frecuente a la que nos enfrentamos al comenzar el proceso con un alumno nuevo probablemente es :

¿Cuál metodología de enseñanza manejas?

La respuesta a esta pregunta parece ser de vital importancia, ya que dependiendo de ella, aparentemente, el estudiante se se sentirá respaldado y se convencerá o no de que esta vez, por fin, si aprenderá el idioma y lo hará de manera fácil, eficaz y veloz. Es tal vez por esto que la gran mayorí­a de los institutos de idiomas suele invertir inmensas cantidades de tiempo y dinero a dejarle claro a su público que ellos cuentan con la fórmula perfecta para llevarlos al éxito rotundo en su aprendizaje.

 

 

Folletos estratégicamente diagramados, propagandas ingeniosas y miles de paquetes y promociones con falsas promesas acerca del inmenso avance que se puede lograr en tan poco tiempo e invirtiendo un mínimo de dinero es lo que solemos encontrar. Lastimosamente, hay que aceptar la realidad que desnuda al mito de la metodología. No importa que tan clara, ordenada, concisa o elaborada esta se presente, ninguna metodologí­a reemplazará la paciencia, disciplina, práctica, interés y motivación que se necesita para la conquista de un nuevo idioma.

Básicamente, si lo que se busca es aprender a hablar otra lengua, antes de preocuparse por la metodologí­a utilizada para lograrlo es más importante repasar la motivación propia y encontrar con el profesor y/o instituto una franja de tiempo realista para lograr metas específicas mientras se van adquiriendo las herramientas requeridas para llegar a ellas. El aprendizaje cualitativo de un idioma toma tiempo, requiere esfuerzo y exige una cierta flexibilidad, un campo para la improvisación, para salirse de los esquemas y la zona de confort, y simple y sencillamente un espacio para experimentarlo, vivirlo y compartirlo.